lunes, 29 de noviembre de 2010

10 keys into understanding the Sacred Family in Barcelona
To understand the basilica of the Sacred Family in Barcelona you must keep in mind that all the work of Antoni Gaudí has such an allegorical sense and a wealth of symbolism that a guide or companion is needed. The architect while living gave himself to show it many times to people from around the world. We offer ten keys for its reading:1 .- The Sacred Family is a mountain from the outside. In fact, its stone towers somehow evoke the rocks of Montserrat. This effect will be even more visible when the temple is completed and passes from the 8 towers built at this time, to the 18 it should have in the future: the 12 Apostles, 4 Evangelists, the Virgin Mary and the Savior. Gaudí preferred to finish off the towers of the walls before the roof, to prevent the temple being covered but unfinished.2.-Us Christians, when thinking of the Sacred Family we spontaneously imagine the home in Nazareth, Jesus, Mary and Joseph. But Gaudi's genius went further on and devised a tribute to the new Christian family, Jesus, his mother and his disciples. It is also the heavenly Jerusalem.3.-Gaudí also foresaw a time when practicing Catholics would decline and moved the altarpiece to the street, that is to say he putted a large number of pictures outside the temple to be seen by all. The sculptures on the Nativity facade are life-size, the Passion´s more than life-size and those of the Glory will be even grander.4.-The Nativity facade is like a monumental nativity scene. It's nice and poetic. Its central part seem made of clay that melts with the birth of Baby Jesus. It has been related to Mosen Cinto Verdaguer poems, the great poet and friend of the architect. Concretely with Jesus Infant and Canigó. Japanese sculptor Etsuro Sotoo is completing it trying to "look where Gaudí looked."5.-The Passion façade on the other hand, is stiff and stark. It was conceived in times of illness of the architect. Literally he wanted it to "give fear." It would be the translation of the Spiritual Canticle of St. John of the Cross. The sculptor Subirachs has been able to capture this tragic sense.6.-In the towers of the facade there is the inscription Sanctus, Sanctus, Sanctus and on the toppings, Hosanna In Excelsis Deo. The ingenious Gaudi anticipated that even an agnostic or indifferent had to look up into the sky trying to read the inscriptions, and mutter a prayer.7.-Gaudí was aware that wherever he putted a stone no grass would grow and animals could not live. So in the apse he honored the flora and fauna that were on the site of the temple.8.-In the auction of the nave he putted the fruits of the Holy Spirit, represented by large fruit baskets made with brittle. This is what is known as Whit. On the east side the spring and summer fruits. On the west side, the autumn and winter ones. Below them saints that founded congregations based in Catalonia.9.-La Sacred Family, interiorly is a forest. Whoever enters feels overpowered by the grandeur of the 52 columns representing gigantic palm trees. The filtered light enters through the white and colorful windows and also from the vault. But already from the main entrance you can see the shrine where the god dwells. Only from the inside (within the Faith of the Church) one can comprehend the stained glass of the Resurrection.10 .- Gaudí knew the liturgy well because he participated in the First Liturgical Congress of Montserrat (1915) and enjoyed the friendship of Bishop Campins who commissioned the restoration of the Cathedral of Mallorca. Thanks to all this he thought of a location of the altar, in the center of the crossing, to facilitate the celebration (at the architect´s time this was not used). He also seeked to enhance the choruses because music was of great importance for him in the celebrations.In short, the Sacred Family temple, in addition to architecture, it is all poetry and symbol.Jaume Aymar i Ragolta

lunes, 22 de noviembre de 2010

El cumplimiento de un sueño

El cumplimiento de un sueño


Nací en Barcelona y ya de pequeño me impresionaban las altas torres del Templo de la Sagrada Familia, en mi mente se producía un prodigio: a veces veía una y otras veces veía cuatro. No había comprendido que una era la visión desde la calle Marina donde la perspectiva las solapaba y otra la de la calle Mallorca, dónde se veían las cuatro de la fachada del nacimiento en todo su esplendor. Después, cuando cursaba el bachillerato en el colegio de los jesuitas de la calle de Caspe, veía el milagro de crecer cada día la fachada de la Pasión. Más tarde en el COU estuve al caso de la polémica por la construcción del templo y sabía que tenía sabios detractores, pero sentía a la vez la emoción de vivir cotidianamente el crecimiento de una nueva catedral gracias a los donativos de los humildes. Supe que había conversiones como las de Josep María Subirachs que pasó de detractor a fiel continuador de la fachada de la Pasión. En la Universidad hice mi tesis de doctorado sobre el arquitecto Joan Martorell, maestro y mentor de Antonio Gaudí y entonces pude conocer más de cerca al genial reusense y comencé a profundizar en el sentido alegórico de su obra. Después he tenido muchas veces la ocasión de hacer lo que Gaudí hizo muy a menudo en vida: enseñar el templo. Es una basílica que necesita guía. Tengo la certeza de que si un día la Iglesia beatifica y canoniza a Don Antón –como era conocido en su tiempo- será el patrono de los guías turísticos. Muchas veces al acompañar al Templo a adultos o a jóvenes, a gente del país o a extranjeros he terminado repitiendo la frase que un año fue el lema de la colecta anual pro Templo: "qui digui que no s’acabarà mai, no coneix el nostre poble" (quien diga que no se acabará nunca no conoce a nuestro pueblo).

Todas estas vivencias se agolpaban en mi mente cuando el pasado domingo pude asistir a la consagración del Templo de manos de Benedicto XVI. Fue para mí –y estoy seguro que también para muchos- el cumplimiento de un sueño: la Sagrada Familia ya estaba cubierta, sus altas columnas, tal como un bosque de palmeras invitaban a mirar a lo alto y a descubrir la luz que, cenital, se filtraba por los óculos y, tamizada, llegaba a la nave a través de los vitrales de Joan Vila-Grau. Me causó admiración el original baldaquino con aquel Cristo casi desnudo que había elegido el propio Gaudí, aquel Cristo que con las rodillas flexionadas levanta esperanzadamente el rostro hacia Dios Padre con los racimos de uva, las espigas y las cincuenta simbólicas lámparas que lo circundan. Me agradaron los cuatro vítreos evangelistas de Domènec Fita. Pude abrazar a un emocionado Etsuro Sotoo, el escultor japonés que lleva treinta años trabajando en el templo tratando de mirar a dónde miraba Gaudí. Y me emocionó así mismo oír al Santo Padre predicar con sabiduría sobre la belleza, afirmando que hay que superar la escisión entre la belleza de las cosas y Dios como belleza. Y me emocionó oírle hablar en catalán, la misma lengua que indefectiblemente usaba Gaudí con las personas a quien acompañaba. Y todo en un ambiente gozoso, muy gozoso, con centenares de voces en los coros, que evocaban aquella Jerusalén celeste que es nuestra madre, dónde una multitud de hermanos nuestros ya alaba eternamente al Señor (Cf. el Prefacio de Todos los Santos). En un hermoso gesto de colegialidad, la unción del Papa fue acompañada de la que doce obispos, sucesores también de los apóstoles, hicieron en sendas columnas del templo. Fue bello también el momento en que el Cardenal Martínez Sistach mostraba a los fieles la bula que declara la Sagrada Familia basílica menor. Era como una merecida recompensa a aquel pastor que ha trabajado desde hace meses para que el sucesor de Pedro visitase a su grey.
Al terminar la solemne celebración bajé a la cripta y me detuve unos instantes a orar cerca de la tumba de Gaudí con la persuasión que desde la gloria “el arquitecto de Dios” exultaba en esta solemnidad.

Por la tarde hubo un complemento esperado: el Papa visitó la Obra benéfico-social del Nen Déu. Fue un acto entrañable: al símbolo del templo material se unía a los ojos del mundo el de las piedras vivas, los más pequeños de la sociedad, a los que Benedicto XVI, tal como un abuelo que visita a sus nietos el domingo por la tarde, sonreía y besaba. Una niña discapacitada nos recordó a todos que también los disminuidos tienen un corazón capaz de amar. Luego el Papa, ya de partida en el aeropuerto del Prat, ante los Reyes y los notables de España, sintetizó como buen profesor universitario los dos símbolos de la Barcelona de hoy en la fecundidad de la misma fe: una alabanza en piedra a Dios y una institución eclesial de carácter benéfico social de la cual bendijo una primer sillar para un nuevo edificio ¡Qué hermosos sueños hechos realidad!


Jaume Aymar Ragolta
(publicado en Vida Nueva, 12/11/2010, p. 66)

miércoles, 10 de noviembre de 2010

10 claves para comprender la Sagrada Familia de Barcelona

Para comprender la Basílica Sagrada Familia de Barcelona hay que tener presente que toda la obra de Antoni Gaudí tiene un sentido alegórico y una riqueza de simbolismos tal que necesita de guía o acompañante. Él mismo arquitecto se prestó en vida muchas veces a enseñarla a personas de todo el mundo. Ofrecemos diez claves para su lectura:


1.- La Sagrada Familia exteriormente es una montaña. En efecto, sus altas torres de piedra evocan de alguna manera los peñascos de Montserrat. Este efecto todavía será más visible cuando el templo se complete y pase de las 8 torres que están edificadas en este momento, a las 18 que debe tener en el futuro: los 12 apóstoles, los 4 evangelistas, la Virgen María y el Salvador. Gaudí prefirió que se rematasen las torres de las fachadas antes que la bóveda, para evitar que el templo quedase cubierto pero inacabado.

2.-Los cristianos, cuando pensamos en la Sagrada Familia espontáneamente nos imaginamos el hogar de Nazaret: Jesús, María y José. Sin embargo el genio de Gaudí fue más allá e ideó un homenaje a la nueva familia cristiana: Jesús, su Madre y sus discípulos. Es también la Jerusalén celestial.

3.-Gaudí previó también una época en que disminuirían los católicos practicantes y trasladó los retablos a la calle, es decir puso un gran número de imágenes en el exterior del templo para que fueran vistas por todos. Las esculturas de la fachada del Nacimiento son de tamaño natural, las de la Pasión más que natural y las de la Gloria serán todavía mayores.

4.-La fachada del Nacimiento es como un belén monumental. Es amable y poética. Su parte central parece de barro que se derrite por el nacimiento del Niño Dios. Se ha puesto en relación con poemas de mosén Cinto Verdaguer, el gran poeta y amigo del arquitecto. Concretamente con Jesús Infant y Canigó. El escultor japonés Etsuro Sotoo la está completando intentando “mirar donde miraba Gaudí”.

5.-La fachada de la Pasión en cambio, es dura y descarnada. Fue concebida en momentos de enfermedad del arquitecto. Literalmente quería que “diese miedo”. Sería la plasmación del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. El escultor Subirachs ha sabido captar este sentido trágico.

6.-En los campanarios de las fachadas hay la inscripción SANCTUS, SANCTUS, SANCTUS y en los coronamientos, HOSANA IN EXCELSIS DEO. El ingenioso Gaudí previó que hasta un agnóstico o un indiferente tuviese que levantar la mirada hacia el cielo y al intentar leer las inscripciones, musitar una plegaria.

7.-Gaudí era consciente de que allí donde ponía una piedra ya no volvería a crecer la hierba ni podrían vivir los animales. Por eso en el ábside homenajeó la flora y la fauna que se hallaban en el solar del templo.

8.-En los remates de la nave puso los frutos del Espíritu Santo, representados por grandes cestas de frutas hechas en quebradizo. Es lo que se conoce como Pascua Granada. En el costado de levante las frutas de primavera y verano. En el de poniente, las de otoño e invierno. Debajo de ellos los santos fundadores de congregaciones radicadas en Cataluña.

9.-La Sagrada Familia, interiormente es un bosque. El que entra en ella se siente subyugado por la grandiosidad de las 52 columnas que representan palmeras gigantescas. La luz entra tamizada por los ventanales blancos y coloridos y también desde la bóveda. Pero ya desde la entrada principal puede ver el Santuario donde habita la divinidad. Sólo desde el interior (desde la Fe de la Iglesia) puede comprenderse el vitral de la Resurrección.

10.- Gaudí conocía bien la liturgia porque participó en el Primer Congreso Litúrgico de Montserrat (1915) y gozó de la amistad del obispo Campins que le encargó la restauración de la Seo de Mallorca. Gracias a todo ello pensó en una ubicación del altar, en el centro del crucero, que facilitase la concelebración (en la época del arquitecto no se usaba). También busco realzar los coros porque la música tenía para él una gran importancia en las celebraciones.

En definitiva, el templo de la Sagrada Familia, además de arquitectura, es todo él poesía y símbolo.

Jaume Aymar i Ragolta

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Escenarios de belleza para un Papa sensible a las artes

El viaje apostólico de Benedicto XVI en Barcelona tiene dos escenarios privilegiados: la Sagrada Familia de Antoni Gaudí y el Hospital del Nen Déu de reciente construcción. Y un interludio: el Palacio Episcopal de Barcelona con las grisallas de Francesc Pla, el Vicense.
La carga simbólica de la Sagrada Familia es realmente impresionante: Antoni Gaudí, respetuoso con la naturaleza, su mejor maestro, sabía que allí dónde ponía una piedra no volvería a crecer la hierba ni podrían vivir los animales, y por eso quiso glorificar la flora y la fauna de aquel solar en los pináculos y gárgolas del ábside. Pensando en la gente que no frecuentaba la iglesia, sacó los retablos al exterior (las fachadas) para que todos descubriesen en ellas algún elemento en el que se sintiesen reconocidos. Y, todavía más, puso en los remates de los campanarios la inscripción Sanctus, Sanctus, Sanctus, para que incluso el no creyente levantase la vista al cielo y musitase una plegaria. Comprender aquello que Gaudí nos quiso decir, nos ayuda a descubrir la belleza de esta construcción tan singular. El templo y su mensaje en piedra ha merecido un reciente tratado de Teología sistemática que ha publicado el Dr. Armand Puig, decano de la Facultad de Teología de Catalunya. La ceremonia de la dedicación, por el ministerio del Santo Padre, tendrá, pues unas resonancias excepcionales y será presenciada por millones de personas de todo el mundo: las cincuenta y dos columnas del interior, gigantescas palmeras de piedra, enmarcaran los himnos de los cantores a los majestuosos acordes del órgano. La figura venerable del Santo Padre rezando el Angelus dará vida al monumental pesebre que es la fachada del Nacimiento.
Sobre las escenas del Vicense en el salón del trono del Palacio Episcopal, pintadas en 1784, recuerdo unas palabras de Mons. Jaume Traserra hasta hoy obispo de Solsona y entonces auxiliar de Barcelona, en una felicitación navideña de la curia al prelado de entonces, el cardenal Ricard Maria Carles, hablando de las figuras representadas dijo: "Me he fijado en que ninguna de ellas sonríe y después he comprendido que son escenas del Antiguo Testamento, anteriores a la Encarnación". La grandeza de estas composiciones del setecientos no pasará desapercibida a Joseph Ratzinger, que proviene de la Baviera barroca.
En cuanto al encuentro de la tarde con los niños del Nen Déu –más allá del diseño funcional del nuevo edificio- creo que es como un icono de las palabras de Jesús: “Todo aquello que hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Es, si se me permite la comparación, tal como la imagen de un abuelo que visita a sus nietos el domingo por la tarde. Y muchos dicen que los niños muestran una especial sintonía con los abuelos. Por otra parte, las familias que tienen un niño disminuido saben también que los más débiles suelen ser los más queridos. Lo ha dicho el cardenal Martínez Sistach en una entrevista reciente en Catalunya Cristiana hablando de su sobrina disminuida: es el centro de la familia.
Bellos escenarios barceloneses para un Papa sensible a las artes. Un Papa que ha dicho en diversas ocasiones que el arte y los santos son la mejor defensa de la fe. Un Papa a quien complace la buena música, que toca el piano, que interpreta Mozart del cual ha dicho que “consigue reflejar la respuesta luminosa del amor divino, que da esperanza” incluso en medio del dolor. Un Papa que ha pronunciado homilías extraordinarias sobre la fe y la belleza en las catedrales de San Patricio de Nueva York y de Notre-Dame de París y que se ha reunido con artistas de todo el mundo en un marco tan emblemático como la Capilla Sixtina, par animarles a que cultiven la belleza verdadera.
Bellos escenarios de la Ciudad Condal para una visita histórica.